Las mujeres transformaron profundamente la sociedad del siglo XX. Fueron protagonistas exclusivas de su propia emancipación. Su primer paso de gigante fue la participación de la vida política gracias a la obtención del derecho a voto que vino acompañado con una mayor alfabetización y con la tímida entrada a las universidades. Las costumbres se relajaron y las faldas subieron varios centímetros. En la fotografía no fueron menos. Algunas mujeres lo demostraron, cámara en mano, tomando un protagonismo artístico que en siglos anteriores se les hubiera negado. No es fruto de la casualidad que el siglo XX haya alumbrado a excelentes fotógrafas. Las féminas hallaron un espacio más libre y accesible en esta disciplina artística. Y supieron responder con trabajos de extraordinaria calidad, que superaron a los de los muchos de sus contemporáneos del siglo opuesto. Sin ir más lejos, Dorothea Langue (1895-1965) fue la pionera de estas artistas de primer nivel. Su excepcional trabajo documental para la Farm Security Administration (organismo encargado de la remodelación del sector agrario en Estados Unidos), el cual encargó a varios fotógrafos de prestigio un estudio sobre las áreas rurales durante la Gran Depresión recogiendo la situación de mujeres sumidas en la miseria, que, a través de su objetivo, nunca pierden la dignidad.

Dorothea Lange inmortalizó la saturación de la tristeza, fotografió a familias arrasadas y arrastradas por el país en busca de sustento, de futuro. Paisajes inertes en los que no crece nada, campos secos y hambrientos como sus agricultores. También ciudades donde millones de parados esperan en la calle Howard, más conocida como Skid Row Street -la calle de los parados-, buenas e improbables noticias.

Arrollada por la contienda mundial, Lange tendría también la oportunidad de atrapar en material sensible la ignominiosa evacuación de los japoneses afincados en Estados Unidos, a los que se confinó en barracones y se les despojó de propiedades, viviendas y negocios, al igual que lo hiciera el régimen nazi con los judíos. Sus cámaras captaron la paradoja de un país que luchaba en nombre de la libertad y por los derechos humanos y que tras el ataque de Pearl Harbour actuaba con idéntica y cruel pasión.
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